Contamos un cuento 2
Bueno el otro tiene ya respuestas largas y para hacer un poco más comprensible la lectura y seguimiento de la historia, os invito a que sigamos con las aventuras de nuestra protagonista, Elena.Te invito a que hagas este cuento en parte tuyo aportando tu granito de arena, no hace falta ser un escritor nato simplemente, basta con querer aportar algo...
Acuerdate no hace falta que sea un texto extenso simplemente algo que quieras que pase en la historia, escribelo enlazándolo con lo anterior y dejando camino al que venga detrás.
Dentro como primera respuesta pongo todo lo que le sucede a Elena en la primera parte.. ¿cómo seguirá la historia?¿quién será ese ser extraño?¿qué estará buscando en Elena?. ¿Tienes respuestas a esas preguntas? pues animate pasa dentro y sigue la historia.....
Gracias, muchisimas gracias a todos los que habeis colaborado hasta ahora y a todos los que seguireis haciéndolo.


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Era tarde, estaba caminando y empecé a escuchar truenos, aceleré el paso al mismo ritmo que mi pulso se aceleraba, eran las once de la noche y muchas farolas estaban fundidas... iba con la música puesta pensando sólo en llegar a casa antes de que la tormenta empezara a descargar lluvia. Pero momentos después empezó a chispear, y a continuación, a diluviar. "Qué lástima haberme confiado y no haber cogido el paraguas antes de salir de casa", pensé.
Me estaba calando y aún me quedaban unos minutos para llegar a mi casa. Así que antes de mojarme más, me metí a una cafetería. Mientras intentaba escurrirme el agua del abrigo, me fijé en cómo era el local.
Pequeñas mesitas bajas rodeadas de silloncitos confortables plagaban la estancia. La luz era tenue, y en cada pequeña mesa había un solo ocupante, hombre o mujer, sin acompañar, en actitud de espera... consultando a veces el reloj de pulsera, mirando por la ventana con impaciencia, absortos en su propia espera, como naúfragos frente a su pequeña mesita con su humeante café.
Nadie hablaba.
Nadie me veía.
Nadie sonreía.
Atrapada. Petrificada.
Pasaron los segundos. Quizás fueron minutos.
Sumergida dentro de esta escena todo empezó a dar vuelta.
Sólo podía oírse el impacto de las gotas que caían cada vez más fuerte.
Cuando de pronto, un helor me recorrió, empezó por los pies, fue subiendo hasta alcanzar el estómago, que me dió un pinchazo, subió hasta el corazón que empezó a acelerarse como a querer salir huyendo por miedo no se sabe a qué, y cuando ese helor llegó a mi cuello un escalofrió me sacudió, cerré los ojos y una mano me agarró del brazo.
Era el camarero por si quería tomarme algo, miré por la ventana de la cafetería y las gotas en lugar de menguar su furia la acrecentaban, parecía que pretendiesen lastimar con su caída, así que opté por....
Esperar a que lloviera menos. "Sí, por favor", le contesté al camarero.
Este esbozó una amable sonrisa y me llevó a la última mesa libre de la cafetería. El camarero prendió una vela que había en la mesa y me dejó una carta del local, para que pudiera elegir lo que quería tomar. Pero antes de que pudiera abrir la carta, oí una campanilla. Levanté la mirada hacia donde escuché el sonido y vi que la puerta de entrada se abría.
Veía poco por la penumbra que dominaba el local, debido a que la única iluminación del salón era la de las velas situadas en las mesas y una leve luz de neon que había en la barra y en el acceso a los aseos.
Entorné los ojos y ví una silueta entrar, no conseguía distinguir si era hombre o mujer, ya que llevaba un abrigo largo hasta los pies y entre eso y la luz poco pude ver.
- Disculpe ¿qué desea tomar? - preguntó el camarero.
- Perdón, si por favor traigame un capuchino con 2 sobres de azúcar- respondí, esperando que ese capuchino me hiciera entrar en calor.
La figura que acababa de entrar avanzaba despacio por el local. Parecía desorientada, preocupada, dubitativa. Habló un momento con el camarero. Por algún motivo yo no podía dejar de mirarles, sabía que esa persona buscaba un sitio para resguardarse del frío y la lluvia, como yo, pero yo había ocupado la última mesa libre...
En ese momento, los dos se giraron hacia mí. El camarero se acercó y me preguntó educadamente si me importaría compartir mi sitio con la persona que acababa de entrar, dado el mal tiempo que hacía y que tenían el local completo. Por supuesto acepté. Los días tan grises y me ponen muy triste y no me gustaría sentirme sola y estar en la calle esperando a que las gotas de lluvia calen toda mi ropa.
Aún así no deja de ser extraño que me alegrara de que aquello pasara. No es lo normal en mí.
Al momento llegó a la mesa una chica joven, que me miró con una gran sonrisa de agradecimiento y me saludó cordialmente. Me dió la impresión de que tenía muchas cosas que contar...
Me dió la impresión de que tenía muchas cosas que contar, como si hubiera tramado un ardiz con los elementos para que se provocara la situación en la que nos encontrábamos en estos momentos.
-Sé que no me conoces pero yo a ti sí. Te llamas Elena, estás cursando el último año de carrera, y vives en la calle San Blas, cerca de una sombrerería que lleva cerrada hace años.
Me miraba fijamente mientras me hablaba pero no había ningún atisbo de rencor en sus palabras. Me quedé petrificada pero pensé que no era más que alguna extraña broma.
- ¿Podría preguntarte quién eres sin sonar como una maleducada?
La extraña tensó su espalda y, prendiendo un cigarrillo....
La extraña tensó su espalda y, prendiendo un cigarrillo, absorbiéndolo violentamente.
- Si te lo dijeras no me creerías, te diré simplemente que...
Con el índice empezó lentamente a trazar entre granitos de azúcar dispersado en la mesa, las letras: “SOY”.
Empecé seriamente a dudar de si todo esto estaba realmente sucediendo. Vaguee con la mirada como para encontrar algo familiar, pero todo alrededor mía permanecía inmutable como si el tiempo se hubiera detenido.
Sólo pensaba en quien sería esa extraña mujer, joven por cierto.
- ¿perdona quien eres? - insistí.
- no tengas prisa por conocerme primero hablemos un poco- respondió ella.
No podía dar crédito, ella llevaba la conversación.
- ¿Te has fijado en aquel hombre de aquella mesa? - me preguntó la extraña.
Miré hacía la dirección que sus ojos me marcaban, y me fijé en el hombre.
- Es un hombre, está solo, pendiente del móvil, estará esperando una llamada o un mensaje de alguien querido - respondí
- Nunca llegará esa llamada, la persona que ha de llamar está debatiéndose entre la vida y la muerte - replicó la extraña
- Pero, ... ¿cómo lo sabes? ¿cómo puedes asegurar eso con tanta rotundidad?!!!! - pregunté asustada.
- simplemente yo lo se todo de todos, no tengas miedo - dijo la extraña.
Una extraña sensación de miedo y frío empezó a recorrerme. Tenía ganas de despertarme de todo ser un sueño, malos presagios empezaban a invadirme.
-Nadie puede conocer todo sobre todo el mundo, intentas quedarte conmigo -aventuré a decir sintiendo un leve temblor en las manos.
-Nadie es tal vez mucho decir... yo no soy nadie, no soy nada... o puede que lo sea todo...
-No te entiendo, no tengo el día para conversaciones filosóficas, no sé dónde quieres llegar ni me apetece. Para mí no eres más que una extraña que como yo vino refugiándose de la lluvia y que eventualmente comparte mesa y café conmigo..
-Te equivocas -dijo la misteriosa mujer- me conoces, todos me conocen y todos me temen... Todos tienen miedo del momento en que me verán, porque ese momento será el último en que tal vez puedan, como ahora, mirar a través de un cristal y ver el tráfico discurrir bajo la lluvia, o tomar un sorbo de café caliente reconfortante y pensar que mañana volverán a tomar otro igual... Cuando yo llego todo se va...
De pronto la lluvia arreció, y como si los dioses del Olimpo hubiesen dictado una sentencia, un relámpago restañó junto al cristal mostrando un extraño reflejo que duró apenas un segundo, pero que pude apreciar en su totalidad como si en mi mente esa percepción hubiese quedado grabada a fuego: el bar en que me encontraba no era más que una oscura catacumba iluminada apenas por una hilera de teas que colgaban de herrumbrosos anclajes de la pared, mi ropa no eran más que viejos harapos que apenas cubrían mi cuerpo, y mi compañera de mesa recortaba su cadavérica figura envuelta en un tupido y rígido mantón de fieltro negro.
La capucha que coronaba la pieza de vestir estaba retirada descubriendo la fría calavera, con sus negras cuencas, profundas como pozos pero con un lejanísimo brillo de sabiduría milenaria. Su recta mandíbula dejaba ver una perfecta y desnuda dentadura, e incluso un sereno rictus que podría parecer cierta expresión de sorna. Pese a su desnudez carnal, destilaba altivez, poderío, grandeza, e incluso, aunque parezca mentira, cierta apostura asexuada pero increíblemente atrayente...
Su calavera empezó a mover la mandíbula y con una voz trémula dijo:
- Tranquila, no he venido a por ti, si no a darte la oportunidad de recuperar a alguien a quién creías muerto. El hombre al que amabas no ha muerto realmente, aunque su final está cerca si no haces nada para evitarlo. Muchos lo dieron por muerto cuando desapareció en el mar, pero tú siempre guardaste la esperanza de que algún día volviera. Hasta hoy...
No le di tiempo a terminar lo que me estaba diciendo, pero en aquél momento creía que me estaban tomando el pelo y no podía soportarlo más.
- ¡Basta! ¿Qué clase de broma de mal gusto es esta? - dije, mientras me levantaba y golpeaba mis puños contra la mesa con todas mis fuerzas. A la misma vez, un relámpago de la tormenta iluminó toda la estancia.
En ese momento, la imagen tétrica de la figura que tenía delante volvió a ser la de la chica extraña, y en mi alrededor pude volver a ver la cafetería en penumbra...
- Disculpa....
Bajé la cabeza pensando que jamás lograría comprender lo que me estaba pasando así que tomé la decisión de no buscar una explicación lógica y llegar hasta el fondo del asunto. Le miré a los ojos y ésta, con un leve gesto, me indicó que la siguiera mientras dejaba unas monedas sobre la mesa.
Caminé tras el rastro invisible que iba dejando entre las mesas y, al salir a la calle, pude comprobar que, a pesar de la tormenta, la lluvia no nos calaba. Como si sintiera miedo de nuestra presencia...
Me llevó ante un coche que estaba aparcado en el callejón y abrió la puerta del copiloto...
A pesar de que el interior parecía cálido y confortable, era reacia a meterme dentro.
Mientras la chica rodeó el coche y se acomodó en el asiento del conductor, yo me quedé quieta, a una distancia prudente del coche. Cuando ella estaba lista para poner en marcha el coche, se quedó mirándome y me dijo "¿Subes?" mediante un gesto.
La desconfianza se apoderaba de mi otra vez. ¿Iba a subir al coche de una desconocida que me acababa de contar una historia un tanto retorcida? Temblando, tanto de emoción, miedo y frío, giré la cabeza varias veces para expresarle mi negativa a subir.
- ¿Estás segura? - me dijo
- S...sí - balbuceé
- Es tu decisión y la respeto. Aunque lo siento por ti... y por él - dijo mientras se estiraba y cerraba la puerta que abrió para mi. Bajó la ventanilla y se despidió:
- Nos volveremos a ver algún día...
Mientras arrancó su coche, di media vuelta para dirigirme a mi casa. Pero la música que empezó a sonar en el coche hizo que me detuviera. Me recordó a él. Era nuestra canción.
En mi mente apareció una palabra, "para" quería que el coche parae, quería preguntar muchas cosas a ese ser desconocido.
De pronto el coche paró, retrodeció y se bajó la ventanilla del copiloto.
- ¿Te lo has pensado mejor?- me preguntó.
Dentro de mi me decía que no debía ir, que no podía arriesgarme, pero sin darme cuenta me encontraba abriendo la puerta del coche y sentandome junto a aquella persona.
- ¿preparada?
- si-susurré con temor.
El coche se puso en marcha hacía un destino desconodido por mi, yo miraba por la ventanilla, el camino me resultaba conocido, esa canción no paraba de sonar, estuvimos en el coche cerca de una hora cuando de pronto paró.
- Ya hemos llegado, bajemos - me dijo.
Bajé del coche sin saber muy bien porqué. El aire frío se abrazaba a mi cuerpo haciéndolo estremecer. Antes de que pudiera darme cuenta, ella se acercó a mí por la espalda y sentí un pañuelo bajo su mano tapándome la boca. De repente, noté cómo se cerraban mis ojos y lo último que puedo recordar es su silueta desdibujada ante mí.
Cuando desperté estaba todo a oscuras. El ambiente hedía a polvo y a humedad. Estiré los dedos de la mano para tocar el suelo. Tenía las manos atadas entre si.
Una súbita sensación de terror me recorrió el cuerpo y las lágrimas comenzaron a caer sin control por mis mejillas. Un remolino de pensamientos vinieron a mi mente en ese momento; la desconocida, la lluvia, la canción....
-"Ojalá pudiera avisar a alguien...."
Estiré como pude las manos hacia el vacío de la oscuridad buscando mi bolso pero no pude localizarlo. Traté de recordar si lo había llevado conmigo en el coche o si lo habría dejado en el bar. Todo era tan confunso...
La oscuridad empezó a condensarse, haciéndose sólida a mi alrededor... poco a poco me faltaba el aire y mi respiración se volvió entrecortada.
-¡Elena!
La voz de aquella misteriosa mujer me sacó de mi pesadilla, en los últimos meses no había podido dormir a causas mis pesadillas; siempre era igual alguien que conocía me drogaba y despertaba en la más negra oscuridad.
Mi acompañante, me susurró amablemente que saliera del coche que habíamos llegado.
El aire frío y con olor a sal me despejó rápidamente. Estábamos en un acantilado, al borde del mar.
La sobrecogedora imagen del azul oscuro del cielo, lleno de estrellas plateadas sobre un negro mar embravecido, envuelto todo en la claridad de la Luna menguante hicieron que perdiera el sentido de la realidad y me deje llevar.
Me deje llevar cuando me cogieron de la mano.
Me deje llevar cuando saltamos las dos desde el acantilado.
Me deje llevar cuando mi cuerpo recibió en frío impacto del agua.
Me deje llevar cuando nos fuimos hundiendo en el mar.
Y en aquella oscuridad, exactamente igual a la de mi sueño, sólo podía pensar en la luz blanca que veía a lo lejos; irreal, indescriptiblemente hermosa y extrañamente cálida para ser la luz de ... ¿la Luna?
Vino a mi mente un recuerdo de él... Me contaba que de pequeño descubrió los restos de un faro, y que siempre que hacía submarinismo por la zona iba a visitarlo. Me dijo que de vez en cuando llevaba piedras y cosas bonitas y brillantes y que las colocaba alrededor del faro hundido. En muchas ocasiones me dijo que le gustaría que algún día yo viera su trabajo.
¿Sería esto la luz que veo en el fondo? - pensé - ¿Estará él aquí? No... es imposible. Han pasado casi 8 meses desde aquél día. Además, todo ocurrió muy lejos de aquí y mucho más adentro de la mar. Él no está aquí, pero intuyo que hay algo ahí abajo que me podría ayudar a encontrarlo.
Cuando me vine a dar cuenta, mis pulmones empezaron a echar en falta el oxígeno. Yo nunca me había desenvuelto bien en el agua, y mi aguante no era como el suyo. Tampoco veía a la chica misteriosa. Empecé a subir a la superficie, aunque en mi cabeza retumbaba el pensamiento de querer bajar.
Mi cabeza salió del mar y mientras tomaba la primera bocanada de aire después de muchos segundos sin respirar, recordé el equipo de submarinismo que él me regaló días antes de desaparecer y que yo nunca llegué a utilizar.
Mi cabeza salió del mar y mientras tomaba la primera bocanada de aire después de muchos segundos sin respirar, recordé el equipo de submarinismo que él me regaló días antes de desaparecer y que yo nunca llegué a utilizar.
Miré a mi alrededor, la chica misteriosa seguia sin aparecer, esas horas pasadas eran como una pesadilla. ¿El destino quiere que encuentre el faro? ¿porqué razón? ¿Habrá algún mensaje de Miguel? Ahora no había tiempo de volver a por el equipo de submarinismo, si lo hacía, quizás no encontrase el mismo lugar.
Como llegado de la nada, apareció un bote, me subí y tan solo había un equipo de buceo, decidí seguir con esta locura, me puse el traje y me sumerjí de nuevo.
Allí abajo estaba la luz, fui bajando y bajando, cada vez era mas intensa, sentia una paz increible, vi una mano extendida hacia mi, seguro que Miguel me estaba esperando, estiré mi mano hacia ella pero al mirar mas allá...
Allí abajo estaba la luz, fui bajando y bajando, cada vez era mas intensa, sentia una paz increible, vi una mano extendida hacia mi, seguro que Miguel me estaba esperando, estiré mi mano hacia ella pero al mirar mas allá, me di cuenta de que era un manojo de algas. La desilusión me duró poco. Ante mi estaba el brillante faro.
Cientos de botellas de cristal, chapas metálicas, trozos de espejo y otros objetos reflectantes iluminaban el fondo marino. ¿Pero de dónde venía la luz? Pronto lo descubrí; de dentro del faro.
Eché un vistazo y no tardé en encontrar una abertura hacia el interior de los restos del faro. Me colé por ahí y una vez dentro, empecé a subir. Pronto llegué a una zona donde no había agua.
La estancia era circular, de unos 5 metros de diámetro. Todo estaba iluminado por una bombilla grande, rodeada de espejos y reflectores. Al lado tenía unas cuantas ruedas que giraban lentamente. Era un sistema rudimentario, pero a la vez complejo, que proporcionaba la energía a la bombilla. En la repisa de al lado había 2 bombillas que deduje que eran recambios.
En las repisas cercanas a la bombilla había tiestos con brotes de plantas secos. También había una mesa con muchos objetos curiosos y papeles con dibujos. Mi mirada se fijo en un dibujo que...
…representaba a un círculo de un azul muy luminoso trazado enérgicamente.
Trate de acercarme para observarlo de más cerca, cuando tropecé con unos frascos de cristal que me cortaron el paso. El estruendo de los vidrios al entrechocarse y fracasarse, no presagiaban buenos augurios. Mi cuerpo se desequilibrio y se derrumbo violentamente entre una multitud de fragmentos cristalinos bien afilados que cubría todo la superficie del suelo. A pesar de llevar una prenda de goma pude sentir como se enclavaban lentamente los vértices agudos en mi carne, produciéndome pinchazos por todo el cuerpo. Yacía inerte sobre una alfombra de polvo azulado. Los frascos contenían pigmentos cuyo color mezclado con el rojo formaba un rió malva que se derramaba alrededor mía. Me estaba vaciando.
Los frascos contenían pigmentos cuyo color mezclado con el rojo formaba un rió malva que se derramaba alrededor mía. Me estaba vaciando.
Pensé que sería el final que me pasaría como a Miguel que desaparecería y nadie se iba a enterar de lo ocurrido, me debilité y me desmayé.
Cuando recobré el conocimiento estaba en una especie de cama, con ropas que no eran las mias. Me sentía débil, al lado en una mesa había algo de fruta, cortada con muy buena presentación y me acerqué con cuidado a ella para coger un trozo.
Estuve mirando la habitación que me envolvía, era una especie de biblioteca, excepto esa especie de sofá, cama o no se ya ni lo que era y la mesa lo demás que podía encontrar eran estanterías con libros.
Escuché un ruido y me fui corriendo a la cama, para hacerme la dormida ya que la puerta que daba acceso a la cámara donde me encontraba empezaba a abrirse
Escuché un ruido y me fui corriendo a la cama, para hacerme la dormida ya que la puerta que daba acceso a la cámara donde me encontraba empezaba a abrirse
Y allí estaba de nuevo ella, que entraba canturreando nuestra canción.
- Veo que ya te has despertado, ¿has dormido bien? Ahora tienes una dura tarea... pero no puedo explicártela; tienes que descubrir tú lo que debes hacer. Sólo te recuerdo una cosa, de tí depende que vuelvas a ver a Miguel, o que desaparezca para siempre; lo que sería una lástima, porque vuestro destino es estar unidos.
¿Descubrirlo yo? Pero si en mi vida gané una partida de Cluedo...
Absorta en mis pensamientos, no me di cuenta de que ella había desaparecido, ya no podía verla, ni oirla, ni sentirla; pero una idea martilleaba mi cabeza: "date prisa, el tiempo se acaba"....
Absorta en mis pensamientos, no me di cuenta de que ella había desaparecido, ya no podía verla, ni oirla, ni sentirla; pero una idea martilleaba mi cabeza: "date prisa, el tiempo se acaba"... pero, ¿por dónde iba a empezar?
Sentada en la cama, empecé a pensar en Miguel y el día en que desapareció. Le encantaba el mar. Había alquilado un barco de vela y él estaba muy ilusionado con esa excursión marítima, ya que lo había planeado mucho tiempo atrás. Además, yo iba a acompañarle. Pero ocurrió algo que me hizo quedar en tierra. Discutimos.
Lucas, un amigo suyo y dueño del barco, con el que yo tenía muchas diferencias, se apuntó al viaje a última hora. Para mi no iba a ser cómodo estar muchas horas junto a Lucas. Nunca me había caído bien y yo a él tampoco.
Cuando le conté a Miguel mi decisión de no subir al barco, le cambió la cara. Su cara sonriente se volvió gris y triste. Tras intentar convencerme de que le acompañara y no conseguirlo, cogió su equipaje y bajó del barco. Le dijo a Lucas que zarpara solo.
No quise que abandonara la oportunidad de navegar por estar conmigo así que me llegó el turno de convencerle, casi obligarle a que subiera al barco. Finalmente, zarparon los dos, pero nunca olvidaré la cara de tristeza de Miguel mientras se alejaba el barco, rumbo a... la tormenta
Finalmente, zarparon los dos, pero nunca olvidaré la cara de tristeza de Miguel mientras se alejaba el barco, rumbo a... la tormenta
Allí estaba yo, sentada en esa habitación, pensando en el pasado, en ilusiones que se perdieron en una persona querida, amada, añorada... De pronto una melodía empezó a sonar en mi mente, esa melodía.
BOOM!! un golpe en la pared me hizo volver de mi estado de atontamiento, esa melodía no estaba sonando en mi mente venia de fuera..
¿qué hacer? ¿ir o no ir? tenía dos opciones, ser valiente y salir de esa habitación que me daba cierta tranquilidad una estabilidad que ya habia conseguido tener en mi vida, "aceptar la desaparición de Miguel" o salir y ver de donde venía esa melodía, quien era esa chica y ¿qué papel tenía Miguel en esta historia?, sentada en el borde de la cama, los minutos parecieron horas mientras decidía que hacer, finalmente opté por levantarme, por moverme despacio, mi estado tampoco me permitia realizar movimientos bruscos, llegué a la puerta y apoyé la mano sobre el pomo de ella...
... finalmente opté por levantarme, por moverme despacio, mi estado tampoco me permitia realizar movimientos bruscos, llegué a la puerta y apoyé la mano sobre el pomo de ella y antes de abrir la puerta me giré a contemplar la habitación. Desde que desperté había tenido la sensación de estar en un lugar conocido.
Al principio no le di demasiada importancia, pero al salir al pasillo me ubiqué. Era la casa de los padres de Miguel, aunque después de que murieran, pasó a ser suya. Miguel, al igual que yo, vivía en la ciudad y no frecuentaba mucho esta casa, aunque fue donde pasó la mayor parte de su infancia.
¡Claro! - pensé - Es su casa. De hecho, anoche estuve en la playa que hay cerca.
Sólo he estado en un par de ocasiones aquí, pero de paso, acompañando a Miguel a recoger y dejar cosas en esta casa.
Empecé a recorrer el pasillo, siguiendo la melodía y llegué a la habitación donde sonaba la música...
y llegué a la habitación donde sonaba la música...
Abrí la puerta y ni un ápice de luz traspasaba las persianas y las gruesas cortinas oscuras que se encontraban en esa habitación, como pude a tientas, entretornando los ojos, me acerqué a la ventana, me tropecé varias veces con objetos que no sabría describir, finalmente, conseguí llegar a las cortinas, las aparté pensando que entraría algo de claridad pero no, asi que como pude subí la persiana y empezó a entrar luz en esa habitación.
La sorpresa fue mayor cuando me di la vuelta y ví que esa habitación era la de Miguel, era su cama, escritorio, y eso que sonaba era una caja de música que su madre le había dejado como recuerd.
Pero... si esa caja de música estaba en... dudé, y las fuerzas parecían que me abandonaban, me estaba poniendo tan nerviosa que tuve que apoyarme sobre un armario que se encontraba cerca de la ventana, todo era extraño, todo tan irreal, todo tan....
Respiré hondo y cogí fuerzas no se sabe de donde y me acerqué a ese escritorio, ahí era donde se encontraba la caja de música con esa canción, la ojeé y luego la cerré, tenía que intentar centrarme en lo que estaba pasando y todo eso me distraia.
Me puse a inspeccionar el escritorio...
Me puse a inspeccionar el escritorio y me di cuenta que los cajones estaban entreabiertos. Uno por uno los fui abriendo y me encontré con papeles y objetos desordenados. La mayoría eran dibujos de cuando él era pequeño.
Pero lo extraño era el desorden, ya que Miguel era muy cuidadoso con esas cosas. Era como si alguien hubiera buscado algo allí.
Miré al suelo, a los objetos con los que me tropecé al caer y me di cuenta de que su sitio era una estantería más arriba. Pero también, esa estantería estaba desordenada, y muchos de sus juguetes por el suelo.
¿Quién estuvo aquí? ¿Qué buscaba? ¿Por qué?
Intentando encajarlo todo recordé lo que me dijo mi extraña amiga: "Miguel no está muerto, pero su final está próximo si yo no hago nada".
¿Es posible que alguien lo tenga retenido? ¡Es posible! Y que ese alguien quiera algo de él... ¿Pero quién podría ser? ¿Quién lo capturó?
Si Miguel hubiera sentido peligro cuando iba en el barco, hubiera contactado por radio, o habría dejado alguna señal o nota en él. Es más, si también iba Lucas, tuvo que ser más de una persona la que abordara el barco y...
¿Lucas?
¿Lucas?
Pensamientos sobre ellos me vinieron a la mente.
Lucas, era amigo de Miguel de la infancia, pasaban todo el día juntos, hacían planes de futuro. Cuando Miguel me conoció Lucas cambió, desde un princpio fue arisco conmigo, no era amable y era como si pretendiese espantarme, como una especie de celo inexplicable, cuando no pretendí en ningún momento que Miguel y él dejasen de hacer cosas juntos de hecho les animaba a ello, pero Lucas mantenía la teoría de que sólo estaba con Miguel por interés.
Ojeando el escritorio ví una foto de Miguel y Lucas con unos cinco o seis años ... ¿qué habría pasado en aquel barco?
Me giré y con la mirada ví que todo, armarios, cajones, cama estaba desordenado, todo revuelto, había entrado alguien buscando algo pero ¿quién?¿qué buscaba?¿para qué? ... ¿qué podría tener Miguel que fuese tan deseado? Siempre pensé que sabía todo de él pero empezaba a dudarlo, algo había que desconocía, algo importante que debería saber, ¿estaría Miguel bien?
Me acerqué a la cómoda, alli había un cajón lleno de camisetas y calcetines, estaba revuelto, coloqué un par de calcetines y cerré el cajón... pero.... clonk!! ¿qué era ese ruido? era como si algo hubiese caido, pero ¿qué?
Me acerqué a la cómoda, alli había un cajón lleno de camisetas y calcetines, estaba revuelto, coloqué un par de calcetines y cerré el cajón... pero.... clonk!! ¿qué era ese ruido? era como si algo hubiese caido, pero ¿qué?
Retiré el cajón y palpé en el interior de la cómoda hasta que di con una cajita acolchada. Se trataba de una de esas cajitas donde se guarda una joya como unos pendientes o un anillo. ¿Pero qué habría dentro?
Tras unos minutos intentando abrirla, ya que estas cajas siempre se me resisten, comprobé que estaba vacía. Sólo tenía el hueco para un anillo, pero ya no estaba. ¿Qué haría esto aquí? ¿Era lo que buscaban? Posiblemente no.
Me guardé la cajita del anillo y eché un vistazo al resto de la casa. Casi todo estaba revuelto. Ojalá supiera quién había estado ahí. Pero ahora empezaba a sospechar de Lucas y sabía que si quería más respuestas tenía que dirigirme a él. Si está vivo, debe haber alguien que lo sepa, su familia... ¡su hermana!
Salí de la casa y me di cuenta de que no había ningún coche ni nada que me pudiera llevar a la ciudad. La mujer extraña ya no estaba, como si nunca hubiera existido.
Necesitaba que alguien viniera a por mi. Cogí mi móvil para hacer una llamada, pero no funcionaba. Se había mojado la noche anterior. Entré otra vez a la casa para llamar desde allí, pero no había línea. La habrían cortado por impago durante estos últimos meses.
De pronto me acordé que en la habitación de Miguel había visto su antiguo móvil. Quizás podría usar mi tarjeta en él y llamar a...
De pronto me acordé que en la habitación de Miguel había visto su antiguo móvil. Quizás podría usar mi tarjeta en él y llamar a...
¿A quién podría llamar? ¿quién podría ayudarme?.. sin dudarlo volví a la habitación, rebusqué entre las ropas tiradas por el suelo y apareció el móvil, como pude me senté en el suelo y desmonté los dos telf para cambiarles las tarjetas.
Justo, encajo esto y ya está, la tarjeta, ahora enciendo el móvil pongo el pin,
-ring ring - empezo a sonar el móvil.
Pero, ¿cómo?¿quién? no entiendo, no comprendo... mi pulso se aceleró, mi corazón parecia querer salirse cuando miré la pantalla y vi que ponia "Miguel" pero... ¿cómo era posible? ¿cómo?, mis dedos sólo consiguieron colgar.
Un frió empezó a recorrerme, miedo, empecé a acurrucarme, mirando al telefono, que había dejado en el suelo, cuando me di cuenta estaba hecha una bola medio acunándome, y de pronto, el suelo empezó a vibrar era, otra vez "Miguel".
- dii...iiga - conseguí balbucear entre lágrimas
- No salgas de la casa, cuando sepas lo que debes saber iré a recogerte - Era la voz de la mujer extraña
- ¿qué he de saber? - Pregunté
- piensa en Miguel, piensa en... - la comunicación se cortó, el móvil se había quedado sin bateria.
Me quedé parada, la mujer desde el número de Miguel, ¿quién era esa mujer?¿qué estaba pasando?, tenía que investigar bien la casa y si había algún habitáculo que me había dejado por mirar, así que me levanté y me puse a ello.
Fui abriendo las puertas de la casa una tras otra, incluso los armarios de la cocina y la puerta de la terraza. Inspeccioné el piso entero, y por último me quedé mirando a la puerta de la calle. En medio de la madera oscura se veía el agujero de la mirilla, extrañamente iluminado.
Me acerqué con precaución, paso a paso... deseando ver la imagen familiar del rellano de la escalera.
Al otro lado de la puerta estaba el mismo bar en que me había encontrado aquella extraña mujer. El mismo camarero, las mismas velas... al fondo había dos mujeres charlando, una de las cuales se parecía extrañamente a mí. El hombre que antes estaba hablando por el móvil lo dejó sobre la mesa, me miró, sonrió, volvió a coger el teléfono... un timbrazo estridente me hizo dar un grito.
Sin darme cuenta había cogido del suelo el móvil de Miguel y lo llevaba en la mano. Sin apartar la vista de la mirilla le di a la tecla de respuesta, y escuché la voz del hombre del bar, mirándome fijamente al otro lado de la puerta y a varias dimensiones de distancia...
Sin darme cuenta había cogido del suelo el móvil de Miguel y lo llevaba en la mano. Sin apartar la vista de la mirilla le di a la tecla de respuesta, y escuché la voz del hombre del bar, mirándome fijamente al otro lado de la puerta y a varias dimensiones de distancia...
¿Eres Elena, no? - dijo el hombre
Su voz llegaba con cierto retardo, con respecto al movimiento de sus labios. Yo estaba pasmada.
"¿Elena?" - repitió él
"¿S... sí? Sí, soy... Elena" - dije
Su cara entristeció.
"Elena..., menos mal que he dado contigo." - suspiró y los ojos se le llenaron de lágrimas - "No me conoces y yo tampoco a ti, pero... conozco a tu hermano. Me acaban de avisar de que ha sufrido un percance."
"¿Cóooomo?" - exclamé
"Se ha desprendido una cornisa por culpa del agua de la tormenta y a él le ha pillado debajo. Está grave. Yo voy a ir ahora mismo al hospital, pero antes quería decírselo a alguien de vuestra familia." - dijo él
No me salían las palabras...
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